Se trata de los Beatos Pablo VI y Mons. Oscar Romero. Nos alegramos sobremanera por la noticia hecha oficial el día de hoy acerca de los milagros atribuidos a los beatos Pablo VI y Mons. Oscar Romero. El Papa Francisco ha firmado el decreto a la Congregación para la causa de los santos sobre estos milagros. Esto asegura la pronta canonización de ambos Beatos. Acudimos a la intercesión de ellos en favor especialmente de la Iglesia en El Salvador, donde fue asesinado Mons. Oscar Romero. La fecha de canonización aún no lo sabemos, pero será pronta.
miércoles, 7 de marzo de 2018
viernes, 2 de marzo de 2018
ORDENACIONES DIACONALES EN SAN ANDRES SEMETABAJ
Tal como está prevista, el día de mañana 03 de marzo se llevará a cabo la Santa Misa de Ordenación Diaconal de los seminaristas Kevin Lucio Xamínez García, originario de Pamezabal, Santa Lucía Utatlán, quien inició su camino vocacional en el año 2009 en el Seminario Menor Señor San José y luego de este recorrido culminó su etapa de formación en el 2017. Su etapa de pastoral la está desarrollando en la parroquia de Santa Catalina de Alejandría la Antigua Ixtahuacán.
Asimismo será ordenado Cristóbal Enrique Mendoza Coroxón, originario de San Andrés Semetabaj, Sololá. Realizó su básico en el Seminario Menor Señor San José, se graduó en la Escuela Nacional de Ciencias Comerciales e ingresó en el Seminario Mayor en el 2011, culminando también en el 2017. Actualmente, realiza su experiencia pastoral en el Seminario Menor Señor San José, Sololá. Alegremente recibirán el día de mañana la Ordenación Diaconal, en el interior de la Iglesia colonial de San André Semetabaj. Agradecemos a Dios Misericordioso por estos dones para la Iglesia del Señor.
Kevin Lucio
Cristobal Enrique
Fachada de la iglesia colonial de San Andrés Semetabaj
miércoles, 28 de febrero de 2018
EJERCICIOS ESPIRITUALES ANUALES EN EL SEMINARIO MAYOR
Desde el lunes pasado hasta el próximo viernes, los seminaristas de nuestro seminario mayor "Nuestra Señora del Camino" están llevando a cabo sus días de ejercicios espirituales anuales. El predicador es nuestro obispo Mons. Gonzalo de Villa.
"La formación espiritual se orienta a alimentar y sostener la comunión con Dios y con los hermanos, en la amistad con Jesús Buen Pastor y en una actitud de docilidad al Espíritu. Esta íntima relación forma el corazón del seminarista hacia el amor generoso y oblativo que representa el inicio de la caridad pastoral" (Don de la Vocación presbiteral, Congregación para el Clero 2016, n. 101)
"Los ejercicios espirituales anuales, tiempo de profunda revisión en el encuentro prolongado y orante con el Señor, vividos en un clima de recogimiento y de silencio, deben tener continuidad, durante el curso del año, en los retiros periódicos y en la oración cotidiana. De esta forma, por la acción del Espíritu, se manifestará y se consolidará gradualmente en el corazón del seminarista el deseo de gastar, con generosidad, la propia vida en el ejercicio de la caridad pastoral." (Don de la vocación prsbiteral, Congregación para el Clero 2016, n. 108)
Les pedimos sus oraciones por los frutos espirituales en la vocación de cada uno de los seminaristas durante estos días.
martes, 27 de febrero de 2018
NOMBRAMIENTO DE ADMINISTRADOR APOSTÓLICO LUEGO DEL FALLECIMIENTO DEL ARZOBISPO OSCAR JULIO VIAN
Precisamente antes de concluir la misa exequial celebrada el día de hoy en la Catedral Metropolitana de la ciudad de Guatemala por el alma del Arzobispo de Santiago de Guatemala, Mons. Oscar Julio Vian Morales, el Señor Nuncio de Su Santidad hizo público el nombramiento que el Papa Francisco ha hecho para la Arquidiócesis, del nuevo "Administrador Apostólico" en Sede Vacante, según decreto No.168/2018. Se trata de Mons. Raúl Antonio Martínez Paredes, obispo auxiliar y a quien Mons. Oscar había nombrado Vicario General. Le felicitamos y encomendamos mientas esté al frente de la Arquidiócesis.
sábado, 24 de febrero de 2018
FALLECIMIENTO DEL ARZOBISPO METROPOLITANO
"Muy bien, siervo bueno y fiel, entre en el gozo de tu Señor" (Mt 25, 23)
Por este medio manifestamos nuestras condolencias a la familia del Arzobispo Metropolitano por su sensible fallecimiento, ocurrido esta madrugara en horas de las 2:32 am. Confiamos en la Misericordia de Dios para que recompense el trabajo, bondad y fidelidad del querido Arzobispo Oscar Julio. Según comunicado del Arzobispado el día de hoy en horas de las 17:30 llegarán sus restos mortales en la Catedral Metropolitana y la Misa Exequial se estará realizando en día martes 27 de febrero a las 10 hrs. Dios le dé el descanso eterno al querido y apreciado Arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala Oscar Julio Vian Morales, sdb. XIX Arzobispo de Guatemala.
lunes, 12 de febrero de 2018
SIGNIFICADO DE LA IMPOSICION DE CENIZA Y DE LA CUARESMA
Miércoles de Ceniza
Significado de la
imposición de las cenizas
La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida
en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el
Cielo.
Inicio de la Cuaresma
La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un
tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para
la conversión del corazón para disponernos a celebrar la Pascua del Señor.
Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:
“Recuerda que polvo
eres y en polvo te convertirás"
o
“Arrepiéntete y
cree en el Evangelio”.
Origen de la
costumbre
Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza
cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como
signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.
En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que
querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían
ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un
"hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.
En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido
penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma
acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.
Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas
usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue
signo de gloria pronto se reduce a nada.
También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a
los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con
sus 40 días de ayuno.
La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda
que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.
Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el
bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al
final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y
por nuestros hermanos los hombres.
Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una
actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le
impone a los niños y a los adultos.
El ayuno y la
abstinencia
El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno
y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los
18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y
la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por
haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.
La oración
La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a
estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de
nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja
de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra
vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa
exigencia de su voluntad.
Para que nuestra
oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:
La hipocresía:
Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con
nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.
La disipación:
Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar
nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos
poner en presencia de Dios.
La multitud de
palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir
oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con
Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no
necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo
profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.
El sacrificio
Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer
sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a
Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la
recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde
el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis
tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean
que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes,
úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino
Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te
recompensará. “ (Mt 6,6)”
Conclusión
Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita
nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un
signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el
inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto
hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.
Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender
a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y
en general con todos los seres que nos rodean.
En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos
convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su
mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación
(también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa
reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos
internamente, no podremos seguirle adecuadamente.
Está Reconciliación con Dios está integrada por el
Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente
la Conversión.
El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las
faltas que hemos cometido (como decimos en el Credo: en pensamiento, palabra,
obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no
volverlas a cometer.
La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de
nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la
gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados
expresada por el sacerdote en la confesión.
La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la
que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero
debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con
el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la
renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a
Dios y con la caridad hacia el prójimo.
Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia
delante, es el seguimiento a Jesús.
Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo,
pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han
ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin
necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre
Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos
pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado
sinceramente a los demás.
Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial,
diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y
con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y
evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y
nuestras palabras.
Sugerencias para
vivir este día:
Asistir a la iglesia a ponerse ceniza con la actitud de
conversión que debemos tener.
Leer la parábola del hijo pródigo, San Lucas 15, 11-32 o el
texto evangélico de San Mateo 6, 1-8.
viernes, 9 de febrero de 2018
MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2018
Ante la proximidad de la cuaresma de este año 2018, invitamos la lectura del mensaje del Papa Francisco para toda la Iglesia.
MENSAJE DEL SANTO
PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2018
«Al
crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)
Queridos
hermanos y hermanas:
Una
vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a
recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo
sacramental de nuestra conversión», que anuncia y realiza la posibilidad de
volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida. Como todos los años,
con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad
este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el
Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría»
(24,12). Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos
y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente
allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una
pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la
situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a
acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente
hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo
el Evangelio.
Los
falsos profetas
Escuchemos
este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas?
Son
como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones
humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren.
Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer
momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres
viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad
esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan
a sí mismos y caen presa de la soledad.
Otros
falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e
inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser
completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el
falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias
fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente
virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después
resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas
sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la
capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos…
haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una
sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira»
(Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir
el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a
discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de
estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel
inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro
interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente
sirven para nuestro bien.
Un
corazón frío
Dante
Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un
trono de hielo; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos
entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que
nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?
Lo
que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los
males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no
querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación
antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos. Todo esto se
transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una
amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el
huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a
nuestras expectativas.
También
la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la
tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e
interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los
restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el
designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen
llover instrumentos de muerte.
El
amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación
apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales
más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo
estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas,
la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo
de este modo el entusiasmo misionero.
¿Qué
podemos hacer?
Si
vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he
descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces
amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de
la oración, la limosna y el ayuno.
El
hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las
mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar
finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la
vida.
El
ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el
otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la
limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que,
como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y
viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un
testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito
hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a
participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co
8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos
organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por
dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas,
ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de
la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia
de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano,
¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por
nadie en generosidad?
El
ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una
importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que
sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del
hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de
bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar
más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios,
que es el único que sacia nuestra hambre.
Querría
que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a
todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a
Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la
iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si
ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para
invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como
ayuda para nuestros hermanos.
El
fuego de la Pascua
Invito
especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la
Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos
corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el
corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que
podamos empezar a amar de nuevo.
Una
ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos
invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto
de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10
de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el
perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24
horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión
sacramental.
En
la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual:
la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e
iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso,
disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu», para que todos
podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de
escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro
corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.
Los
bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.
Vaticano,
1 de noviembre de 2017 Solemnidad de Todos los Santos
FRANCISCO
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