viernes, 13 de marzo de 2015

FELICIDADES SANTO PADRE


En el segundo aniversario de la elección como Sucesor de Pedro, del Card. Jorge Mario Bergoglio, resuenan las palabras del Papa Francisco, antes de su primera bendición Urbi et Orbi y tras rezar por el Obispo de Roma emérito, Benedicto XVI, por quien pidió que el Señor lo bendiga y la Virgen lo proteja: «Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad». (NEWSVA)

!Felicidades Santo Padre por sus 2 años de pontificado!




martes, 10 de marzo de 2015

64 años

En un día como hoy, 10 de marzo de 1951, fue creada la Diócesis de Sololá por el Papa Pío XII. Nos alegramos y pedimos a Dios que derrame abundantes bendiciones a esta porción de la Iglesia que peregrina en Guatemala.


En este día el Clero se ha reunido para vivir una mañana de retiro espiritual, el cual fue predicado por el P Gilberto Ixmatá.



jueves, 5 de marzo de 2015

NOMBRAMIENTOS

En este mes de marzo se están llevando a cabo en la Diócesis, algunos cambios de vicarios parroquiales y párrocos.
Como Párroco de San Pedro la Laguna: el P Candelario Benjamín Yac, a partir del 07 de marzo.


Como Administrador Parroquial de San Lucas Tolimán: P Victor Ramírez, a partir del 08 de marzo.



Vicario Parroquial de Santa Ana y Delegado Diocesano de Pastoral de la Salud: P Rubin Isaías Cuj Xep


Vicario Parroquial de Nahualá: P Ricardo Vásquez



Deseamos a cada uno de ellos un fecundo ministerio, Dios guíe su labor pastoral.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Comunicado de La Conferencia Episcopal de Guatemala

La Conferencia Episcopal de Guatemala, consciente de su responsabilidad en la promoción del bien común que garantiza la paz y armonía de la ciudadanía guatemalteca, y con el compromiso de acompañar al pueblo de Guatemala, especialmente a los más excluidos y empobrecidos, ante los bloqueos de carreteras y caminos vecinales realizados por organizaciones populares expresa su posición:

1.   En los últimos años, la práctica de bloquear vías de comunicación se ha convertido en una práctica normal cuando delante de situaciones  que afectan la vida de las comunidades en diferentes áreas, sus demandas o exigencias no son atendidas. Tales bloqueos también son  con frecuencia resultado de proyectos ideológicos que pretenden crear  desestabilización social y política  y alterar el normal desarrollo de la actividad económica del país.

2.   Reconocemos el derecho que las comunidades tienen de ser atendidas por parte del Estado Guatemalteco cuando dichas demandas son justas. Definir la justicia de dichas demandas está en una relación directa con la aplicación de los valores éticos, tales como la dignidad de las personas, el acceso a los bienes necesarios para la vida digna y el bien común de la sociedad.


3.   La defensa y promoción de los valores éticos no se logra recurriendo  a medidas de hecho, como son los bloqueos. Con frecuencia estas son acciones fundadas en consignas ideológicas que no están orientadas a la construcción del bien común, dichas medidas socavan la legitimidad del derecho de manifestación pública que se debe realizar  dentro del respeto a la ley y el derecho de los ciudadanos a la libre circulación.

4.    Los bloqueos tienen serias consecuencias sobre la libre locomoción, el comercio y una serie de actividades legítimas de millares de guatemaltecos, que ven afectados también sus propios derechos.  No es con la lesión  del derecho de la libre locomoción como se defiende el derecho a ser escuchados por las autoridades respectivas.


5.    Consideramos que la no atención a las demandas de la población generará más tensión y conflictividad. Por lo que hacemos un llamado a las organizaciones populares a dejar de lado esta práctica y al Estado de Guatemala y en particular,  a quienes dentro del mismo tienen la capacidad para atender las mismas, a ofrecer soluciones que hagan bajar dicha conflictividad y hagan encontrar los caminos de solución de los problemas planteados por diversos sectores de la sociedad.



+ Rodolfo Valenzuela Núñez
Obispo de la Diócesis de La Verapaz
Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala


viernes, 20 de febrero de 2015

Un saludo de felicitación hasta San Pedro Sula, Honduras

         Nos llega esta grata noticia que compartimos, por la Ordenación Diaconal de dos ex alumnos del Seminario Mayor Nuestra Señora del Camino de Sololá: Milthon Cruz y Mario Avalo.
         De parte de nuestro Obispo y de toda  la Diócesis enviamos un fraternal saludo de felicitación a cada uno de ellos, deseándoles un fecundo ministerio diaconal.


Tomado de CECODI (Centro de Comunicaciones de la Diócesis de San Pedro Sula) Imagen y artículo: Johanna Kattán


         
Próximos diáconos en San Pedro Sula
Cinco jóvenes hondureños serán ordenados diáconos en la Diócesis de San Pedro Sula. “Les invito a la oración por los nuevos diáconos, y a la participación en la ordenación para quienes les resulte posible, como una expresión del compromiso por testimoniar que el Señor está en medio de nosotros como el que sirve”, expresa el obispo Ángel Garachana.
Por imposición de manos de monseñor Garachana, serán ordenados diáconos, los jóvenes: José Héctor Núñez Ramírez, Milthon Román Cruz Mejía, Gustavo Adolfo Fuentes Gómez, José Abraham Monjarás Guzmán Y Mario Humberto Avalo Reyes

ORDENACIÓN DIACONAL:
Fecha: sábado 21 de febrero
Hora: 10:00 am
Lugar: Catedral San Pedro Apóstol


Consagración de Virgen

El día de hoy. 20 de febrero, se celebró en la capilla del Centro Pastoral San José una solemne Eucaristía, en la que Evelyn Marisol Juárez Suquén se consagró al Señor, según el Orden de Vírgenes Consagradas, recibiendo su consagración Monseñor Gonzalo de Villa s,j., Obispo de nuestra Diócesis.  

La hermana Evelyn Marisol, originaria de la Parroquia San Miguel Arcángel, Pochuta, presentó libremente al Señor su resolución de consagrarse virgen al Señor para bien de la Iglesia, según este Rito antiguo y especial de la Iglesia.


Los familiares cercanos y algunos sacerdotes estuvieron presentes también en esta liturgia de Consagración.

Le deseamos a la hermana Evelyn abundantes bendiciones en su vida consagrada. 




miércoles, 18 de febrero de 2015

CUARESMA 2015


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2015

«Fortalezcan sus corazones» (St 5,8)

Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos.
         Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.
         Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.
         La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.
         Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra.
         Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.
         El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.

1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia
         La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres.
         Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen "parte" con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.
         La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).
         La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos.
         Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.

2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades
         Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).
         Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.
         En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia.
         La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897).
         También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.
         Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.
         Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.
         Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.

3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente
         También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?
         En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.
         En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.
         Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.
         Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31).
         Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.
         Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: "Fac cor nostrum secundum Cor tuum": "Haz nuestro corazón semejante al tuyo" (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.
         Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.

Vaticano, 4 de octubre de 2014
Fiesta de san Francisco de Asís


FRANCISCUS PP.